pocas veces..: its thinkers are rarely included
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Las culturas latinoamericanas han estado asociadas
estereotípicamente con el folclor, la música y el arte,
pero pocas veces se incluye a sus pensadores en la historia de la filosofía
occidental contemporánea. Este fenómeno responde a la
distribución desigual del poder, que da plena difusión
e importancia al pensamiento publicado en Europa Occidental y -a partir
del siglo XIX- en los Estados Unidos. Sin embargo, desde la invasión
colonial, la producción académica de lo que hoy se llama
América Latina ha tenido presencia y relativa influencia en la
civilización Occidental. |
marco: frame
difundidos: publicized |
En la época colonial (siglos XV-XVIII),
la filosofía estaba fundamentalmente dirigida por y hacia la
formación religiosa. Pero dentro de un marco que no se ha considerado
rigurosamente filosófico, hubo cronistas americanos, como el
Inca
Garcilaso de la Vega y Guamán
Poma de Ayala en Perú, que tendieron interesantes puentes
entre la cosmovisión europea y la de algunas civilizaciones amerindias.
Para fines del siglo XVIII, los criollos educados en varias universidades
de México, Buenos Aires, Lima, Caracas y Bogotá, comenzaron
a aplicar las ideas de la Ilustración francesa para reflexionar
sobre los caminos colectivos que deberían implementarse en América.
Los esfuerzos por organizar naciones independientes de España
durante todo el siglo XIX estuvieron orientados según estas ideas,
que buscaban establecer modelos de origen francés e inglés
dentro de las condiciones geográficas y demográficas propias
de los nuevos países. Los nombres posiblemente más difundidos
son los venezolanos Simón
Rodríguez -cuyas ideas democráticas y pedagógicas
eran proféticamente radicales- y Andrés
Bello, quien propuso una visión de "lo americano"
que reconciliara la herencia hispánica con la diferencia tropical.
Más tarde, los modelos evolucionistas y positivistas se cultivaron
con gran intensidad en México, Brasil, Chile y Argentina, paralelamente
a un proceso de modernización económica y social basada
en la dependencia de un producto de exportación para el consumo
europeo. |
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A fines del siglo XIX, con la creciente influencia
estadounidense en la región, grupos sustanciales de pensadores
promovieron una imagen de unidad cultural que inició decisivamente
el "latinoamericanismo" o la "búsqueda" de
la identidad latinoamericana. Los dos autores más reconocidos
de esa época son el uruguayo José
Enrique Rodó y el cubano José
Martí. El libro Ariel
(1900), de Rodó, propuso un nítido programa de diferenciación
educativa y cultural entre la América hispano-portuguesa en contraste
con la anglosajona, con un tono fundamentalmente conservador. De una
manera más transformadora, Martí sintetizó en el
ensayo "Nuestra
América" (1891) los ideales de producir modelos basados
en la experiencia propia de cada región y de generar una ciudadanía
supranacional en Iberoamérica: "el buen gobernante en América
no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés,
sino el que sabe con qué elementos está hecho su país".
La imperativa necesidad de conocer al pueblo de cada país y de
desarrollar modelos humanistas basados en el análisis de las
condiciones propias guió el trabajo de muchos pensadores latinoamericanos
durante todo el siglo XX. |
tanto como: as well as
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Después de la revolución mexicana,
el intelectual y ministro de educación José
Vasconcelos representó el entusiasmo por construir un pensamiento
que incluyera la cosmogonía indígena tanto como la occidental.
Su célebre visión de una "raza cósmica"
presentaba un ideal por el cual trabajar con los elementos de mestizaje
y mezcla cultural en Hispanoamérica. Por su parte, el mexicano
Alfonso
Reyes y el dominicano Pedro
Henríquez Ureña, entre muchos otros, realizaron eruditos
estudios que incluían una crítica literaria y filosófica
rigurosa sobre la producción intelectual de la región.
Pocos años después, el peruano José
Carlos Mariátegui produjo influyentes análisis de
la sociedad de su país con un modelo dialéctico marxista
que muchos otros pensadores continuaron hasta la década de 1960.
Su tesis fundamental consistía en la necesidad de concientizar
a las masas trabajadoras y campesinas para que éstas produjeran
un cambio radical de las condiciones de explotación y desigualdad
económica en los países latinoamericanos. |
reivindicación: vindication |
La revolución cubana de 1959 y las profundas
reformas del Concilio Vaticano II de la Iglesia Católica en 1962,
generaron nuevos marcos de pensamiento dentro de los que numerosos pensadores
produjeron la línea de reflexión que más trascendencia
internacional ha tenido en América Latina. Fue una filosofía
basada en el concepto de la liberación de los oprimidos, es decir,
la construcción de condiciones materiales y educativas que permitieran
superar la miseria económica de vastos sectores de la población.
Por un lado, la hostil reacción norteamericana a los cambios
sociales de Cuba demostró varios elementos de la Teoría
de la Dependencia -cuyas bases se habían formado desde los
años 1920-, que buscaba romper el ciclo de "atraso"
con respecto al desarrollo industrial del Primer Mundo, evitando depender
de un solo producto de exportación que fundamentalmente beneficiaba
las economías de los países industrializados y a las élites
locales. Según esta teoría, para romper este ciclo, era
necesario promover medios de autosubsistencia financiera para cada nación,
eliminar los altos índices de miseria y generar sistemas de gobierno
que no fueran fácilmente manipulados por los intereses económicos
de las grandes compañías multinacionales. Por otro lado,
la "opción preferencial por los pobres" renovada en
la Iglesia Católica, abrió espacio para una participación
activa en los esfuerzos por organizar y participar en movimientos de
reivindicación política, económica y social para
los sectores marginados. |
compromiso: commitment
Evangelio: Gospel
comunidades de base: grassroots communities
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Varios teólogos cristianos, entre ellos
el peruano Gustavo
Gutiérrez y los brasileños Helder
Cámara y Leonardo
Boff, se basaron en las iniciativas del Concilio Vaticano II para
formular un compromiso hacia el cambio social en América Latina
por parte de las Iglesias Cristianas. Su trabajo teórico y práctico
se hizo famoso mundialmente con el nombre de Teología
de la Liberación. El fundamento teórico de esta doctrina
se basa en el mensaje del Evangelio que da preferencia a los pobres
y denuncia la injusticia. Inspirados en el mensaje cristiano, estos
pensadores promueven una concepción anticapitalista de la vida
y de la sociedad basada, no en el lucro, sino en el espíritu
comunitario. Su aplicación práctica se expresa a través
de comunidades de base en las zonas más pobres de las ciudades
y los campos, en las que se fomenta la solidaridad, la dignidad y libertad
de expresión, el estudio de la Biblia, y la movilización
colectiva para reclamar los derechos políticos de los marginados,
promoviendo su participación activa en los procesos sociales
de sus respectivos países. |
plantear: to pose
equipo: team
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Dentro del mismo espíritu, pero más
allá del marco específicamente cristiano, el brasileño
Paulo
Freire creó una teoría y práctica de la educación
diseñada para promover la acción social y el dinamismo
de las personas que han sufrido supresión socioeconómica
por varias generaciones. Su Pedagogía
del oprimido (1970) ha tenido considerable trascendencia en
los esfuerzos mundiales por encontrar modelos educativos que generen
cambios sociales deseables para la mayoría de la población
-participación democrática, pensamiento crítico,
producción activa de conocimiento- o, como afirma Freire,
prácticas de aprendizaje que ayuden a "crear un mundo en
el que sea más fácil amar".
En su propuesta pedagógica, Freire considera que la esencia
de la educación es la práctica de la libertad y del diálogo,
evitando esquemas autoritaristas: "nadie educa a nadie, nadie se
educa solo; los hombres y las mujeres se educan unos a otros, en diálogo
con el mundo". Su análisis crítico sobre los modelos
educativos tradicionales observa que el esquema "profesor-alumno"
reproduce las relaciones de imposición entre opresor y oprimido.
Para romper ese esquema, propone una pedagogía dinámica
y autónoma, que valore la experiencia y el conocimiento de cada
estudiante así como su participación social, su producción
creativa, y el ejercicio constante de una libertad responsable y colectiva.
En oposición a la "educación bancaria" que parece
seguir el modelo capitalista al hacer que los estudiantes acumulen datos
con frecuencia disociados de su experiencia vital, Freire propuso una
"educación liberadora" en la que se plantean problemas
para que los estudiantes resuelvan de forma colectiva bajo la coordinación
de los instructores, aprendiendo de manera práctica la necesidad
de trabajar en equipo, participar y expresarse: |
se vinculan: get involved |
Los oprimidos solamente comienzan a creer en ellos mismos
cuando descubren las causas de su dominación y se vinculan a
la lucha organizada por su liberación. Este descubrimiento no
puede ser meramente intelectual, sino que debe incluir acción;
pero no puede limitarse a un mero activismo, sino que debe incluir reflexión
seria (Freire 47).
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analéctica: inclusion of the excluded
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Hacia esta "reflexión seria"
que incluyera una práctica para superar la historia de dominación
y desigualdad social, se orientó la filosofía de la liberación
latinoamericana, cuyo representante más influyente ha sido el
argentino Enrique
Dussel. A partir de un análisis de la historia de conquista
e invasión desde Europa sobre América, y de cómo
creó estructuras de dominación, marginación y dependencia,
Dussel demuestra cómo estas prácticas de dominación
se basaron en una filosofía universalista del Occidente europeo.
Al atribuirse la autoridad sobre el conocimiento universal, la filosofías
europeas han definido la "naturaleza humana" según
los parámetros, modos de comportamiento y orientación
racionalista de Occidente, condenando a las culturas invadidas a condiciones
de no-ser, caos e irracionalidad. De este modo, las filosofías
occidentales han legitimado históricamente la dominación
que oprime al llamado Tercer Mundo, escondiéndola bajo la apariencia
de "promover civilización".
Para responder a estas condiciones, Dussel propone una filosofía
basada en el diálogo y la escucha de los excluidos, del "Otro
radical", es decir, del sujeto que ha sido convertido en objeto
por la dominación occidental. Esta práctica reflexiva
organizaría una "analéctica de la liberación"
como alternativa para la "dialéctica de la dominación"
prevaleciente. El desarrollo teórico de Dussel se basa en una
crítica detallada de la ontología de Kant, Hegel, Heidegger
y otros filósofos alemanes, franceses e ingleses, ya que, para
él, la voz de los oprimidos tiene que pasar por la paradoja de
hablar con la lengua del opresor para poderla cuestionar y superar:
"Para descubrir nuevas categorías con las cuales nos sea
posible pensarnos a nosotros mismos, hay que comenzar por hablar como
los europeos y, desde ellos, probar sus limitaciones" (Dussel 1979:
108). Dentro de un inmenso proyecto filosófico de liberación
que incluye la ontología, la analéctica, la pedagogía
y la erótica, Dussel también escribe para la gente común,
a través de conferencias con ejemplos específicos y accesibles
a gente no erudita, y a través de esquemas pegagógicos
como el siguiente: |
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| Dialéctica dominadora |
versus |
Analéctica liberadora |
| actitud conquistadora |
versus |
actitud colaboradora |
| actitud divisionista |
versus |
actitud convergente |
| actitud desmovilizadora |
versus |
actitud movilizadora |
| actitud manipuladora |
versus |
actitud organizativa |
| actitud invasora |
versus |
actitud creadora |
(Dussel 1980: 101)
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La filosofía, pedagogía y teología
de la liberación constituyeron una clara iniciativa por configurar
un pensamiento latinoamericanista en busca de modelos interpretativos
que generaran prácticas sociales más justas y creativas.
También representó una crítica radical del pensamiento
occidental desde la periferia latinoamericana. Las bases de esta concepción,
aunque tomadas de otras fuentes, coinciden con los desarrollos más
recientes -y de inmensa influencia- de la intelectualidad europea y
norteamericana en el campo de las humanidades y los estudios culturales,
por ejemplo en el pensamiento poscolonial de autores tan famosos como
Eduard Said, Homi Bhabha y Gayatri Spivak, todos profesores de universidades
norteamericanas y británicas. Es lamentable que, en parte por
el lenguaje marxista y/o cristiano de las teorías de liberación
y en parte por las limitaciones de difusión bibliográfica
desde el Tercer Mundo, los teóricos del poscolonialismo hayan
ignorado la contribución del pensamiento latinoamericano en esta
misma dirección, que se desarrolló con anterioridad a
ellos. En diálogo con estas teorías, y como una manera
de reivindicar los conceptos producidos desde América Latina,
varios estudiosos han presentado las coincidencias así como las
diferencias de aproximación, proponiendo una teorización
alternativa para pensar las relaciones socioculturales y la cosmovisión
filosófica en contextos contemporáneos y a la luz de procesos
de globalización de los mercados capitalistas. Los colombianos
Jesús Martín Barbero y Santiago Castro Gómez, los
argentinos Néstor García Canclini y Walter Mignolo, y
la chilena Nelly Richard, entre muchos otros, han escrito obras de considerable
influencia y cuidadoso análisis sobre procesos comunicativos,
movilizaciones sociales y reorganizaciones filosóficas. Mignolo,
por ejemplo, propone la configuración de un pensamiento "posoccidental"
sobre bases originadas en la experiencia de dominación e imperialismo
euro-norteamericanos, que denuncie las condiciones de desigualdad y
busque métodos para contrarrestar el colonialismo, el cual no
es simplemente una experiencia del pasado: |
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What I call the “modern/colonial world”
is in itself a world that came out of certain kinds of local histories:
imperial local histories. Imperial Spain became an instrumental agent
and made possible the implementation of Christian designs for conversion
to a global one. It was imperial England in complicity with French enlightenment
that displaced (but not replaced) Christian global designs into Secular
civilizing ones. It was imperial U.S. that displaced (but not replaced)
the global design of the civilizing mission by a global design of development
and modernization. And it is the market that is becoming the global
design of a new form of colonialism, a global coloniality, that is being
analyzed as “the network society” (Castells), “globalcentrism”
(Coronil), and “Empire” (Hardt and Negri). Thus, the globalization
of “culture” was always there, since “culture”
(in whatever technology of the time was available) is the material aspect
in which the history of capitalism and of global designs (Christianity,
Civilizing Mission, Development and Modernization, Marketization) evolved.
Technology today allows “culture,” and financial markets,
to move faster. However, I would not say that there is a globalization
of culture. I would rather say that planetary communication and the
coloniality of power move faster and, like in the sixteenth century,
in one direction. The force with which Inca’s and Aymara’s
“cultures” entered and modified Castilian’s was less
significant than the reverse. That is, Castilian knowledge and attitude
toward life did not change as much as knowledge and attitude toward
life among Aymara and Inca people. The same today: Bolivia’s music
players and restaurants in the U.S. or Europe are less relevant (aren’t
they?), than European television and popular music in Bolivia. In La
Paz, for example, there is a “German Channel” that provides
the state of the weather in Germany and in Europe for the Bolivian audience.
I am not aware of a “Bolivian Channel” in Germany that does
the same (Mignolo 2000: 8).
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Es interesante entonces concluir observando cómo
el pensamiento latinoamericano logra su fecundidad y reconocimiento
dentro de los desarrollos contemporáneos gracias a su esfuerzo,
no tanto por seguir los preceptos heredados de la invasión europea,
sino por producir una reflexión crítica de esa herencia
y conectarse con la radical diferencia que los ideales y la producción
cultural populares representan frente a dichos preceptos. Así,
el estereotipo de que desde América Latina solamente se produce
"folclor", se transforma en un instrumento útil para
desenmascarar la historia de justificaciones para la marginación
y para dinamizar un pensamiento movilizador de prácticas sociales
liberadoras. |